Nicolás Maduro: la grieta llega a la política exterior

La cumbre entre los presidentes Lula da Silva, de Brasil, y Alberto Fernández, de Argentina, parecía orientar nuevamente la política exterior de ambos países en un sentido integracionista y con miras a revitalizar los bloques regionales.

Por Andrés Berazategui

Significativa entonces fue la ausencia de Nicolás Maduro quien, se suponía en las cancillerías de América del Sur, podía dotar de mayor carga ideológica a la nueva etapa política. Sin embargo, fue el gran ausente no solo de la cumbre entre los dos presidentes suramericanos, sino que tampoco viajó a la cumbre de la Celac, organización fundamental en el entramado económico regional.

Pero ¿qué fue lo que pasó en la política doméstica argentina que hizo que el mandatario de la República Bolivariana de Venezuela se negara finalmente a venir? En unas declaraciones al diario brasilero Folha, de San Pablo, el presidente argentino hizo un guiño que sonó ha llamado: "Venezuela es parte de la Celac y Maduro está más que invitado".

No solo eso, sabiendo que el venezolano es una figura polémica, también amplió: "La posición de la Argentina en relación a Venezuela es, por medio del Grupo de Contacto, estimular los diálogos que se realizan en México. Creemos que eso puede dar buenos resultados. La idea es que venezolanos decidan las cosas entre venezolanos, no con nosotros".

Inmediatamente salió Patricia Bullrich a cruzar a Alberto Fernández y disparó munición gruesa, declarando que presentaría una alerta a la DEA (Administración de Control de Drogas?, la agencia norteamericana encargada del combate al narcotráfico) para que se detuviera a Maduro apenas pisara nuestro país.

Segú la jefa del PRO, y una de las líderes de Juntos por el Cambio, esto se debe a que, según ella, Maduro tiene "una causa abierta en Nueva York, la del Cartel de los Soles, que acusa a un grupos vinculados con el poder en Venezuela implicados en una serie de actividades criminales". Teniendo en cuenta que Bullrich no tiene ningún cargo público, suena más a declaración estrictamente política de alto impacto que otra cosa.

Sin embargo, y acusando recibo, finalmente la decisión de la Cancillería venezolana fue la de suspender la llegada de Nicolás Maduro a Argentina para la reunión de la Celac.

En un comunicado público donde fija su postura, Venezuela argumenta que "hemos sido informados, de manera irrebatible, de un plan de la derecha neofascista, cuyo objetivo es llevar a cabo una serie de agresiones en contra de nuestra delegación encabezada por el Presidente de la República Nicolás Maduro Moros". Y acusan a esa derecha neofascista de "montar un show deplorable, a fin de perturbar los efectos positivos de tan importante cita regional".

La grieta de la política argentina se metió en su política exterior, y ahora el presidente de un Estado de la región (y uno petrolero, además) se ve suspendida por la proyección de las internas domésticas. La política exterior de un Estado debe ser unificada y coherente, aun en los cambios de estrategias que puedan tener los diferentes actores políticos de un país. Oficialismo y oposición deberían tomar nota de ello.

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