Otra forma de transcurrir los duelos

Nuestra vida en definitiva es un permanente transcurrir de duelos. Duelamos personas, desapariciones físicas, pero también duelamos épocas felices, nuestro pasado, situaciones, objetos, etc.

Por Daniel Salerno *

Venimos de atravesar uno de esos momentos únicos en la historia humana, como son las grandes tragedias colectivas. Atravesamos lo que antes era denominado peste, y los que estamos vivos somos sobrevivientes a la misma. Me refiero a la Pandemia de Covid 19.

Nos vimos cara a cara con la muerte, por vía directa, por vía bombardeo de información, por cercanía, etc. Comprendimos que el hecho de morir es cotidiano, y apareció en su desnudez esa sensación de seguridad que tanto la modernidad como la medicina se encargaron de hacernos sentir, la seguridad apareció como falsa. Esto provoco inseguridad en muchas personas.

Pero no solo era el tema la muerte, sino la pérdida de hábitos, lugares, costumbres. La pérdida de rutinas, del contacto, de lo social.

Tuvimos, tenemos que atravesar múltiples duelos.

Nuestra vida en definitiva es un permanente transcurrir de duelos. Duelamos personas, desapariciones físicas, pero también duelamos épocas felices, nuestro pasado, situaciones, objetos, etc.

Y en la palabra duelo, ya está implícito que duele, hay dolor. Es decir que el duelo es inherente a la vida, o que la vida está compuesta también de duelos, son ineludibles.

En esta sociedad sin pausas, con prisa, apurada, sin orden, sin una narración. Que solo está sumergida en el momento: ¿Qué pasara con los duelos?. Porque básicamente, el duelo, para transcurrir, necesita tiempo. Y estamos hablando de esta vivencia alterada de la subjetividad y de un momento social, donde el tiempo parece escaparse entre las manos.

Muchas veces, podemos observar determinadas personas que, por ejemplo, para no duelar una relación de pareja, buscan empezar otra relación antes de terminar la primera (la antigua frase de "un clavo saca otro clavo"). Entonces van arrastrando duelos para no realizar nunca ni siquiera el primero. Por supuesto que este arrastre hace cada vez más dolorosa la vida, y acrecienta la necesidad de no separarse más de una nueva pareja (aunque sea necesario), porque la amenaza de la angustia ante una nueva perdida genera un displacer que se vive como imposible de soportar.

Si no podemos tomar un tiempo para el ocio, o para un disfrute genuino, ¿Cómo tomar un tiempo para duelar algo? Esta es una de las paradojas actuales.

¿La respuesta entonces es sumergirse en el dolor? No desde un lugar de búsqueda de sufrir por sufrir. Pero si poder permitirse sentir eso que no quiere sentirse y que igual está presente.

Esto es lo propio de lo humano. La tristeza y el dolor son experiencias necesarias de atravesar y no siempre tienen que ser medicalizadas o analizadas. Vivimos en una sociedad del exceso de positividad, donde lo malo, displacentero o desagradable debe ser eliminado. Y con esto eliminamos lo humano.

Es necesario reconducirnos a un camino de humanización, de vuelta a nuestro eje. No es necesaria ninguna disciplina o técnica particular (no digo que no ayuden), es necesario simplemente no negar desde el pensamiento, lo que sentimos desde la emoción.

Y esto no es una postura romántica, en el sentido clásico de la palabra, sino una postura vital, necesaria.

Para ayudarnos en este camino, los humanos también tenemos otros "dispositivos", que no son celulares ni pantallas. Tenemos el accionar colectivo. Los grupos, la socialización. El carnaval, la murga, el grupo de debate. Pensar la vida como un nosotros y no como un yo.

Esto redunda en beneficio para todos, y también para nosotros como individuos. Salir de nosotros y ver a los otros. Es hermoso ver cómo cambian las vidas en la medida en que la gente se abre a grupos y experiencias colectivas.

De hecho esto también es fundamental en el proceso de duelo, volviendo a las frases antiguas, "nunca es lo mismo solo que acompañado".

"A las aladas almas de las rosas del almendro de nata 

te requiero, que tenemos que hablar de

 muchas cosas, compañero del alma, compañero".

Miguel Hernández, Elegía

*Psicólogo, Psicoanalista y divulgador filosófico.

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